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2020 será uno de los años más cálidos jamás registrados

El cambio climático ha continuado causando estragos durante 2020, un año que está en camino de ser uno de los tres más cálidos desde que se iniciaron los registros. Y no solo eso, según los datos de un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la década de 2011 a 2020 será la que mayores temperaturas medias ha registrado desde que se tienen datos, con los seis últimos años a la cabeza de la triste clasificación. El informe, basado en las contribuciones de numerosos expertos y organizaciones internacionales, muestra cómo fenómenos meteorológicos extremos, como pueden ser los incendios naturales, las altas temperaturas, los incendios forestales o las inundaciones, han afectado a millones de personas en todo el mundo, agravando todavía más las consecuencias económicas y sociales causadas por la pandemia de COVID-19.

Océanos más cálidos

Uno de los lugares en los que más se ha notado el aumento de la temperatura ha sido en el mar. En concreto, el calentamiento afectado al 80% de los océanos del planeta, lo que ha causado estragos en unos ecosistemas marinos ya de por sí amenazados por otras razones. Una de ellas, por ejemplo, es la acidificación de las aguas debido a la absorción de dióxido de carbono (CO2). Los océanos absorben hasta un 23% de las emisiones anuales de CO2 de origen antropogénico a la atmósfera, lo que contribuye a mitigar los efectos del cambio climático… pero a un alto coste ecológico. Al reaccionar con el agua del mar, este gas de efecto invernadero disminuye la cantidad de PH, un proceso conocido como acidificación de los océanos.

Aumento de temperatura mundial

Según el mismo informe, a pesar del confinamiento seguido en numerosas partes del mundo debido a la pandemia, las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero han seguido aumentando hasta alcanzar máximos históricos. “En 2020 el promedio de la temperatura mundial será alrededor de 1,2 ºC superior a los niveles preindustriales (1850-1900), y hay al menos una probabilidad sobre cinco de que supere temporalmente los 1,5ºC en 2024”, asegura Petteri Taalas, Secretario General de la OMM, quien advierte asimismo que este año tienen los visos de convertirse en uno de los tres más cálidos desde que se iniciaron los registros de temperatura.

En 2020 la temperatura habrá aumentado 1,2 ºC con respecto a niveles preindustriales

El mayor aumento de la temperatura, según el citado informe, se dieron en el norte de Asia, en particular en el Ártico siberiano, donde de media subieron más de 5 ºC. De hecho, en Siberia siguieron registrándose picos de calor hasta el mes de junio. Un dato: el día 20 de dicho mes el mercurio alcanzó los 38ºC en la localidad de Verkhonyansk, la más alta registrada nunca en cualquier punto del círculo polar ártico.

Fusión del hielo marino

El Ártico se ha calentado hasta dos veces más rápido que el promedio mundial, un hecho que consolida una tendencia que viene produciéndose desde hace años durante el verano y que tiene grandes repercusiones en el clima de las regiones de latitudes medias. Este último año el hielo marino ha alcanzado el segundo registro más bajo en los últimos 42 años, según los datos facilitados por los satélites.

Varios ejemplos demuestran este declive del hielo. La extensión de hielo marino del Ártico ha sido la más baja registrada entre los meses de julio y octubre, una tendencia que se ha agudizado en algunos puntos concretos, como el mar de Laptev, donde la extensión del hielo se ha reducido considerablemente durante la primavera, el verano y el otoño, dejando a la ruta marítima septentrional prácticamente libre para la navegación entre los meses de julio y octubre de este año.

Hielo marino

Hielo marino

Foto: Istock

El ciclo del agua y el calentamiento global

Según el informe, en algún momento de 2020 gran parte del océano se vio afectado por al menos una ola de calor marina de niveles considerables. En el mar de Laptev, por ejemplo, entre los meses de junio y octubre el océano registró un fenómeno de altas temperaturas que redujo el hielo marino de forma considerable, lo que a su vez provocó un aumento igual de considerable de la temperatura y la acidificación oceánica.

Las inundaciones también han sido una tónica generalizada este año que ahora acaba, lo que ha provocado desajustes en diversos lugares del mundo. Por ejemplo el lago Victoria alcanzó niveles récord en el mes de mayo, mientras que los ríos Níger y Nilo registraron otro tanto en las ciudades de Niamey y Jartum, donde las crecidas favorecieron asimismo las plagas de langostas. Además de todo ello, en Asia meridional se ha registrado este año una de las dos estaciones del monzón más húmedas desde el año 1994, mientras que en Pakistán han sufrido el agosto más húmedo desde que se tienen registros. En países como Bangladesh, Nepal o Myanmar se han producido inundaciones generalizadas.

Calor, sequía e incendios

Las regiones más interiores de América del Sur han sufrido este año una de las sequías más importantes de los últimos tiempos. Argentina, Paraguay y las zonas fronterizas occidentales de Brasil han sufrido picos áridos que se han traducido en algunas ocasiones con importantes incendios, como los que han afectado este año a la zona del Pantanal. Estas olas de calor han sido también una constante en algunos puntos del Caribe, en zonas de Australia (en Sidney se registraron picos de casi 49ºC), y en parte de Europa oriental, donde el verano se saldó con temperaturas de récord.

Sin embargo, una de las regiones más afectadas fue América del Norte, donde este año se ha producido en Estados Unidos los incendios forestales que asolaron más de 30.000 kilómetros cuadrados, un fenómeno que ha venido acompañado de temperaturas extremas, como la registrada en el Valle de la Muerte, en California, donde el 16 de agosto el mercurio alcanzó un pico de unos 54,4 ºC, el valor más alto del que se tiene conocimiento en los últimos 80 años.

En el Valle de la Muerte, en California, se registró una temperatura de 54,4 ºC, la más alta de los últimos 80 años

Más ciclones y tormentas tropicales

Este año también se ha saldado con récords de ciclones tropicales. En el Atlántico Norte se produjeron 30 tormentas tropicales, más del doble del promedio entre los años 1981 y 2010, superándose asimismo el récord de una temporada completa, registrado en 2005. Durante el mes de noviembre, dos huracanes de categoría 4 tocaron tierra en América Central en menos de dos semanas, lo que se saldó con inundaciones devastadoras y numerosas víctimas.

Uno de los fenómenos con mayor capacidad de destrucción fue el ciclón Amphan, que tocó tierra el pasado día 20 de mayo cerca de la frontera entre India y Bangladesh, el que se convirtió en el ciclón tropical con mayores daños en el Índico desde que se tiene registros. Las evacuaciones en la India y Bangladesh contribuyeron a reducir el número de víctimas en comparación con las que se registraron otros años en la misma región, aunque estos fenómenos ocasionaron importantes pérdidas económicas en la zona.

Este año, en el Atlántico Norte se produjeron 30 tormentas tropicales, más del doble del promedio entre los años 1981 y 2010.

Aumento de las inundaciones

Aumento de las inundaciones

Foto: Istock

Impacto en la población

Los fenómenos meteorológicos extremos, apuntan los expertos del provocaron aproximadamente unos 10 millones de desplazamientos, en gran parte asociados a desastres provocados por inundaciones, los cuales tuvieron lugar sobre todo en el sur y el sudeste de Asia, así como en el cuerno de África. En estos casos, la pandemia de COVID-19 ha añadido un factor de riesgo adicional a las operaciones de evacuación, rescate o socorro relacionadas con estos fenómenos extremos. Por ejemplo, en Filipinas el impacto del ciclón tropical Vongfong producido a mediados de mayo redujo la capacidad de los centros de evacuación a la mitad debido a las dificultades generadas por las medidas del distanciamiento social.

El aumento de la temperatura y los fenómenos meteorológicos extremos han provocado, según el informe, un importante impacto en las condiciones de vida de millones de personas. Por ejemplo, según datos del PMA y la FAO, más de 50 millones de personas se han visto afectadas por el doble impacto de la pandemia de COVID-19 y el de desastres relacionados con el clima (como inundaciones, sequías y tormentas). Los países de América Central están sufriendo por triplicado: por una parte el impacto de los huracanes Eta y Iota, la pandemia y las crisis humanitarias preexistentes. Hasta 53.000 hectáreas de tierras de cultivo, principalmente de arroz, frijoles y caña de azúcar, fueron arrasadas a lo largo de este año, según datos del Gobierno de Honduras.

La combinación de factores extremos, como incendios forestales, turberas, degradación de la tierra, tormentas de arena y polvo, desertificación y contaminación atmosférica está diezmando la vida de personas en todo el mundo debido a los efectos combinados de la crisis económica y medioambiental, pero existen vías de solución. Según apunta el Fondo Monetario Internacional, la actual recesión mundial causada por la pandemia de COVID-19 ofrece oportunidades para transformar definitivamente la economía, impulsando proyectos que respeten la naturaleza y que fomente el empleo verde. Igual que ocurre con la pandemia, la solución a la crisis climática está en nuestras manos.