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¡Abeja!

Las abejas me dan miedo. La clase de miedo que hace que, cuando estoy en la playa con mi familia y una de ellas se acerca de repente, yo me levante disimuladamente y me aleje sin muchos aspavientos. Me parece que es la táctica más efectiva, aunque cuando ocurre con mis amigos es más probable que uno de nosotros grite “¡Abeja!” justo antes de que todos los demás huyamos despavoridos. Aún así, siempre las he respetado. Siempre me ha parecido noble que arriesguen su vida al intentar picarte con su aguijón para proteger la colmena. Y eso no es lo único que admiro de ellas.

Las abejas son insectos herbívoros que habitan en todos los continentes de la Tierra, excepto en la Antártida. Pueblan el planeta desde hace más de 30 millones de años, cumpliendo una misión esencial para el equilibrio de la naturaleza: la polinización.

Al alimentarse del néctar de las flores, transportan el polen, lo que permite a múltiples especies de plantas reproducirse. Las incansables obreras visitan hasta cuatro millones de flores para producir un solo kilogramo de miel.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (o FAO, por sus siglas en inglés), el 75% de los alimentos que consumimos dependen de la polinización. Y los beneficios que nos aportan las abejas no terminan en la alimentación: la miel, como ha demostrado un estudio desarrollado por la Universidad de la Columbia Británica, puede utilizarse como biomarcador, gracias a que su contenido en metales pesados refleja la salud de los ecosistemas del entorno.

Desde hace ya algunos años, se sabe que las abejas están en peligro. Las especies invasoras, incluso cuando se trata de otros polinizadores como la tristemente célebre avispa asiática, constituyen una amenaza para las autóctonas. También lo es la agricultura intensiva, cuando se abusa de los plaguicidas y el monocultivo, que para los insectos supone la falta de variedad en su alimento. Todo esto provoca además el deterioro de su hábitat, debido a las emisiones contaminantes y la deforestación, responsable de la destrucción de numerosas colmenas junto con los fenómenos meteorológicos extremos derivados del cambio climático. La subida de las temperaturas con el calentamiento global es otro factor de riesgo, pues no siempre se sabe cómo va a afectar a los polinizadores, pese a que algunos ya han cambiado sus migraciones.

De acuerdo con los informes de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), el 37% de las poblaciones de abeja de Europa están disminuyendo a un ritmo alarmante.

Cada vez menos gente grita “¡Abeja!”.

En este mismo instante, están desapareciendo por nuestra culpa. En este mismo instante, hay personas que miran hacia otro lado, y personas que buscan soluciones.

Me siguen dando miedo las abejas. Pero estoy con ellas, con los polinizadores. Estoy con la Tierra.

¿Y tú, de qué lado estás?

Beatriz Sánchez Lueje. IES Jerónimo González, Langreo (Asturias).