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Abetos en pie de guerra

Cada año, durante la primavera, miles de hectáreas de bosque en la cordillera de los Alpes se ven afectadas por la visita de un huésped no deseado: el llamado hongo de la roya del abeto, Chrysomyxa rhododendri. Con la llegada del buen tiempo, las basidiosporas recién liberadas desde su principales anfitriónes, los rododendros de las especies Rhododendron ferrugineum y Rhododendron hirsutum, se dispersan por el viento hasta aterrizar en las ramas del abeto de noruega- Picea abies- cuyos brotes comienzan a abrirse paso en esta época del año.

Este hongo, el cual produce el amarilleo y la caída de las hojas del abeto noruego durante el otoño, puede provocar una disminución significativa de su crecimiento que en peor de los casos desemboca en la muerte de los árboles. Se trata de una de las grandes amenazas que han de enfrentar los bosques alpinos de Europa Central y un fenómeno que, además de reducir la calidad del paisaje, supone un riesgo para los ecosistemas de alta montaña que en última instancia podría comprometer el equilibrio ecológico, económico y social de las zonas más elevadas de los Alpes.

Síntomas de la roya en el abeto noruego

Sin embargo, ahora un nuevo estudio acaba de identificar el mecanismo de defensa de desarrollado por los abetos noruegos ante el hongo. Los resultados de la investigación, co-liderada por el doctor Carlos Trujillo-Moya del Centro Austriaco para la Investigación de los Bosques y la doctora Andrea Ganthalerde la Universidad de Innsbruck, se publican esta semana bajo el artículo titulado RNA-Seq and secondary metabolite analyses reveal a putative defence-transcriptome in Norway spruce (Picea abies) against needle bladder rust (Chrysomyxa rhododendri) infection.

Los resultados del estudio, publicados en la revista especializada BMC Genomics muestran como algunos de estos abetos se defienden mediante una "respuesta hipersensible": un mecanismo de defensa muy eficiente, ampliamente estudiado y extendido en el reino vegetal, por el cual el abeto consigue aislarse frente al patógeno de la roya. "La observación continua y periódica de los abetos expuestos a esta infección en las montañas del Tirol austriaco, nos ha permitido seleccionar los escasos abetos que resisten cada año, generar clones y estudiar la expresión génica así como la producción de compuestos químicos de defensa" explica Trujillo Moya.

Dicho mecanismo de defensa consiste en la producción de una "artillería" compleja de proteínas y compuestos químicos que aíslan el hongo en las hojas atacadas. La parte infectada de la hoja muere de forma controlada y evita con ello que el hongo se extienda por el resto del árbol. Esta respuesta se produce entre 2 y 3 semanas después de la infección y se mantiene al menos durante 1 mes. Según afirma el doctor valenciano, de entre la munición química con la que cuenta Picea abies destaca la producción de taxifolina, un flavonoide con actividad antifúngica probada y la proteína de defensa endoquitinasa, que se encarga de destruir la quitina, el principal constituyente de la pared celular del hongo".

Los resultados del estudio suponen un gran avance en la selección de árboles resistentes a la roya. "Ahora que ya conocemos cuáles son los genes y las moléculas que se activan en el proceso de defensa del abeto, podemos seleccionar aquellos árboles que muestren la respuesta de defensa hipersensible más efectiva", declara Trujillo-Moya. Un hallazgo que permitirá identificar mejor los clones más resistentes y establecer programas de repoblación con dichos ejemplares que contribuyan a la preservación del paisaje de alta montaña de los Alpes.