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Energía no renovable y drogas

Si con la suficiente inteligencia y objetividad analizamos el comportamiento de la humanidad entera, como si de un solo cuerpo orgánico se tratara, nos daremos cuenta de que nuestro organismo es el de un drogadicto. Y nuestras drogas son las energías no renovables. Si se pudieran clasificar dentro de los tipos de drogas, serían sin duda drogas estimulantes.

Las drogas estimulantes se caracterizan por ser muy excitantes y producir una activación intensa a corto plazo, lo cual crea una dependencia a quien las usa, pues su cuerpo se habitúa a trabajar con esa sustancia que le ayuda a rendir más y mejor, hasta el punto de no poder rendir sin ella. Además, el cuerpo del consumidor genera tolerancia, por lo que necesita cada vez más cantidad de la sustancia para sentir los mismos efectos. Ya que las consecuencias negativas de su abuso salen a la superficie de forma tardía, normalmente cuando el consumidor ya es adicto, si este no detiene el consumo terminará colapsando y destruyendo su cuerpo.

Lo mismo nos está pasando con las energías no renovables. Desde que empezamos a usarlas a mediados del siglo XVIII, inicio de la revolución industrial, nos sirvieron para progresar de forma inédita en los campos tecnológicos y científicos, mejorando la rapidez de los transportes, la calidad de los servicios, la comodidad doméstica… nos acostumbramos a usarlas para cualquier cosa, parecían ser una herramienta infinita de gran valor, y como cualquier droga estimulante, nos generaron una dependencia y una tolerancia enorme. Cada vez necesitábamos más y más energía para seguir con el progreso, y ya que jamás renunciaríamos a tales ventajas que nos proporcionaba, necesitábamos nuestro chute de energía constantemente.

Hasta hace poco no nos hemos dado cuenta de nuestro error, y es que los combustibles fósiles al ser quemados liberan unos gases que contribuyen al efecto invernadero, lo cual produce el cambio climático.

Cuando me quedo contemplando coches, barcos, aviones, fábricas, chimeneas… sacando ese humo infernal, aportando su granito de arena a la creación de este gran monte llamado “cambio climático”, no puedo evitar pensar en cómo se asemejan a un fumador, que sin darse cuenta se daña a él mismo y a los que le rodean.

Actualmente estamos pagando por nuestro abuso, y con nosotros la Tierra entera. Pero afortunadamente aún no es demasiado tarde, y en las dos últimas décadas ha habido una gran concienciación sobre cual es el impacto del cambio climático: el aumento de la temperatura, la desforestación por el auge de los incendios, el deshielo de los polos y por tanto la subida del nivel del mar, la desertización, la agudización de los fenómenos meteorológicos extremos como los huracanes o las lluvias torrenciales, la reducción de la biodiversidad… en definitiva, la destrucción del medio ambiente y de nosotros mismos.

Debemos superar esta adicción, reduciendo el consumo de las energías no renovables y promoviendo el uso de las renovables, que progresivamente se están incorporando al mundo contemporáneo y que se muestran como la alternativa mas eficiente y limpia para solucionar el problema energético.