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Nuestro planeta, nuestra casa

La Tierra se define en el diccionario como: “planeta del Sistema Solar, tercero en la proximidad al Sol, entre Venus y Marte, habitado por el hombre”. Reitero el “habitado por el hombre”, que se puede tomar como una casualidad dichosa y, a la vez, maldita. Dichosa porque los humanos hemos tenido la suerte de aterrizar en la Tierra. Maldita porque nuestro planeta no se merece unos habitantes que la maltraten en lugar de cuidarla.

Gaylord Nelson, senador estadounidense, instauró el Día de la Madre Tierra el 22 de abril de 1970. Como objetivo tenía concienciar a la población sobre la necesidad de preservar nuestro planeta. Cincuenta años más tarde, la ONU nos informa de que estamos a punto de perder la oportunidad de limitar el calentamiento global a 1.5º. De nuevo, el hombre y el egoísmo se dan la mano. Somos los primeros en querer que se respeten nuestros derechos pero somos incapaces de respetar los derechos del medio ambiente.

            Explotamos a los animales, desertificamos bosques, contaminamos el oxígeno que respiramos y, sin embargo, lloramos la pérdida de una especie y nos preocupa la boina de humo que queda sobre las metrópolis. Paradoja, cuanto menos, particular. Los humanos nunca dejarán de ser un misterio para sí mismos…

            La Tierra se enfrenta a retos preocupantes. Sequías, deforestaciones, polución del aire, pérdida de fuentes hídricas... Los datos, según un artículo de ‘El País’ avalado por la FAO, vaticinan un futuro poco halagüeño: “el 41% de los anfibios y el 25% de los mamíferos del mundo están amenazados, en 2050 habrá más plásticos que peces en los océanos y el planeta se enfrentará al reto de albergar a casi 10.000 millones de personas.” Un sinfín de problemas. Al hombre, no obstante, parece que le conviene mirar a un lado. Y le conviene eso porque lo que verdaderamente le importa es el dinero (no seamos hipócritas)…

            En pleno año 2020 y con una pandemia mundial (recuerden: Stephen Hawking sostenía que el fin del mundo podría venir de la mano de un virus) acechándonos, ha llegado la hora de que seamos realistas. Debemos asimilar, tal y como dice Greta Thunberg, activista sueca, que la emergencia climática “no es un problema futuro, es algo que nos está afectando ya”. Basta ya de firmar acuerdos sin que estos tengan un impacto real y positivo. Seamos conscientes de lo que conlleva no cuidar nuestro planeta: la OMS ya nos avisa de que alrededor de 7.000.000 de muertes al año en el mundo son causadas por la contaminación del aire.

            Recordemos que el Himno de la Tierra (escrito por Abhay K.) dice: “Somos humanos, la Tierra es nuestra casa”. Cuidémosla como se merece. Seamos una Generación Verde. Pero, sobre todo, no perdamos la esperanza de que nuestro planeta salga airoso de ésta. El mismo García Lorca decía: “El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta”. Démosle una oportunidad más al hombre. Madre Tierra, ¡ojalá podamos conseguirlo!