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Rorcuales de Bryde

Frente a la costa de Baja California, el océano bulle como un campo de tiro submarino. Una ballena alargada y delgada irrumpe desde las profundidades, persiguiendo a miles de sardinas y caballas que suben a la superficie huyendo de los marlines y los leones marinos. De repente se abalanza sobre el cardumen más denso, con la boca abierta y la bolsa de pliegues cutáneos de la garganta llena de agua de mar. Incluso a pesar de la resistencia creada por la enorme boca abierta, le bastan unas sacudidas de su musculosa aleta caudal para impulsarse por el agua. Las mandíbulas se cierran con una explosión de burbujas. A poca distancia, otros cazadores nadan en círculos, aguardando su turno para el banquete.

Los rorcuales de Bryde, cuyo nombre deben a un empresario ballenero noruego de hace casi un siglo, son ballenas barbadas o misticetos, es decir, provistas de un cedazo de láminas en la boca con el que filtran el alimento del mar. "Pero no son bestias rechonchas, habituadas a hincharse de plancton en la superficie –dice el fotógrafo Doug Perrine–. Son esbeltos proyectiles depredadores. Y sus presas son más grandes y móviles que las de otras especies de misticetos". Según Perrine, bucear con ellos "fue como estar en una vía de tren un día de niebla, sabiendo que en cualquier momento puede aparecer una locomotora a toda velocidad", desde cualquier punto y sin ningún sonido de advertencia.

Es asombroso lo poco que se sabe de esta especie. Al no tener una gruesa capa de grasa, los rorcuales de Bryde no eran muy apreciados por los balleneros. Tampoco han recibido demasiada atención por parte de los científicos, en parte porque no es fácil dar con ellos. Viajan solos o en pequeños grupos y se sumergen hasta los 300 metros. Se ven sobre todo en aguas ecuatoriales, y probablemente se aparean en cualquier época del año, utilizando quizá sonidos de baja frecuencia para encontrarse unos a otros a través de grandes distancias. Pero sus desplazamientos, sus hábitos de apareamiento y la situación de su población sólo se conocen a grandes rasgos. Por todo ello, un encuentro con el rorcual de Bryde en el vasto océano azul es especialmente emocionante.