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Avistado en Indonesia un canguro arborícola que llevaba unos 90 años dado por extinguido

El canguro arborícola de Wondiwoi es tan esquivo que la última vez que alguien lo vio fue el año 1928. Desde entonces, ninguna noticia… hasta el pasado mes de julio, fecha en la que un botánico británico aficionado dio con su paradero en unos bosques impenetrables de los montes Wondiwoi, en la provincia indonesia de Papúa Occidental.

Los canguros arborícolas son marsupiales tropicales. Aunque se asemejan a los koalas, pertenecen a la misma familia que los canguros terrestres y los ualabíes. Pero a diferencia de sus primos, cuentan con unos antebrazos musculosos con los que se alzan en los troncos de los árboles y se desplazan entre las ramas con agilidad.

A pesar de ser poco conocidos, son un grupo sorprendentemente diverso. Existen 17 especies y subespecies, dos de ellas localizadas en el norte de Australia y el resto en la isla de Nueva Guinea.

Michael Smith, un botánico aficionado de Farnham, Inglaterra, encabezó el verano pasado una expedición a Indonesia destinada a encontrar este esquivo marsupial. Había oído hablar de él en 2017 mientras frecuentaba Papúa Occidental en busca de orquídeas raras, rododendros y tulipanes.

Con ayuda de porteadores locales, un cazador que hacía las veces de guía y un estudiante de la Universidad de Papúa en Manokwari Smith, se aventuró en la frondosidad de la selva en busca de pistas de Dendrolagus mayri, que finalmente encontró, y fotografió, en la inaccesible cordillera de Wondiwoi.

Descubierto en 1928

Para asegurar que se trataba de la especie descubierta en 1928, mostró sus instantáneas a un equipo de expertos de la Universidad James Cook de Queensland, quienes le confirmaron su hallazgo.

El canguro Wondiwoi fue avistado por primera vez por el famoso biólogo evolutivo Ernst Mayr en 1928, quien fotografió el único espécimen conocido hasta la fecha y lo envió posteriormente al Museo de Historia Natural de Londres, que lo clasificó con el nombre de su descubridor: Dendrolagus mayri.

Desde entonces la población local no había dado noticias sobre ningún alistamiento, seguramente, según Smith, debido al hábitat inaccesible de estos marsupiales: un denso bosque situado a unos 1.500 metros de altitud rara vez frecuentado por los cazadores locales.

A pesar de que cuentan con más de 15 kilos de peso, estos marsupiales son realmente esquivos, pues permanecen totalmente escondidos en el dosel arbóreo.

Además de lidiar con un área de distribución aislada y reducida, se enfrentan a las mismas amenazas que el resto de especies arborícolas, como son la tala provocada por la profusión de cultivos de palma o por nuevas explotaciones mineras.

La prioridad de los científicos es regresar al lugar para recoger restos de ADN que puedan comparar con los del ejemplar capturado en 1928. De esta manera esperan recabar más información de una especie de la que no se conoce prácticamente nada. Ello, aseguran, ayudará a salvar la especie, pero también a concienciar a la población sobre la importancia de la preservación de los ecosistemas de estos animales. Smith espera que su descubrimiento sirva para aumentar la protección del parque nacional que incluye la cordillera de Wondiwoi.