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El fósil de un pez con dientes de piraña que vivió en la era de los dinosaurios

El fósil, de un pez extinto que vivió hace unos 150 millones de años, a finales del Jurásico, cuando los dinosaurios dominaban la tierra y los pterosaurios los cielos, fue descubierto en 2016 por un equipo de excavación del Museo del Jura (Eichstätt) en la cantera de Ettling y en la región de Solnhofen, entre Núremberg y Múnich (Alemania), en el mismo yacimiento de caliza en el que fue hallado el Archaeopteryx, un género extinto de aves primitivas. "El fósil del pez fue preparado para su descripción en el Museo del Jura, fue ahí donde descubrimos sus dientes inusuales", explica Martina Kölbl-Ebert, del Museo del Jura, a National Geographic España. Kölbl-Ebert es la principal autora de un estudio sobre este nuevo pez del Jurásico, publicado ayer en Current Biology. La especie, denominada Piranhamesodon pinnatomus, tenía dientes de piraña, aunque su género no está relacionado con las pirañas modernas, son dos grupos de peces completamente diferentes. "Ambos desarrollaron la capacidad de cortar la carne y las aletas de otros peces de forma independiente", señala la investigadora.

La nueva especie, del orden Pycnodontiformes, un orden extinto de peces óseos (no cartilaginosos), tenía dientes como los de las pirañas, "dientes largos y puntiagudos en el vómer y dientes triangulares de bordes cortantes en los prearticulares", por lo que se trata del pez carnívoro de aletas radiadas (los actinoperigios) más antiguo que se conoce, según los investigadores. "El Piranhamesodon puede que atacara las aletas de otros peces, pues en la misma cantera hemos hallado otros fósiles de peces cuyas aletas aparecen heridas; de estas lesiones se recuperaban parcialmente: las aletas volvían a crecer", comenta Kölbl-Ebert. "La similitud con las pirañas modernas es sorprendente porque estas se alimentan principalmente de las aletas, y no de la carne, de otros peces. Se trata de una decisión inteligente, pues las aletas se regeneran, son un ingenioso recurso renovable. Aliméntate de un pez y está muerto; mordisquea sus aletas y tendrás comida para el futuro", aclara David Bellwood, de la Universidad James Cook (Australia) y coautor del estudio, en un comunicado. "El nuevo hallazgo representa la evidencia más antigua de un pez óseo que mordía pedazos de otros peces y, además, lo hacía en el mar [y no en el agua dulce como las pirañas]. Así que, cuando los dinosaurios caminaban por la tierra y los pequeños dinosaurios trataban de volar con los pterosaurios, los peces nadaban alrededor de sus pies, desgarrándose unos a otros las aletas o la carne", agrega.