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Los planetas rocosos de nuestra galaxia son más extraños de lo que pensábamos

Agua. La tierra es el único planeta del que hasta ahora sabemos que hay agua suficiente en estado líquido como para dar soporte a la vida tal y como la conocemos. Podría decirse que el agua hace de nuestro mundo un lugar especial. Sin embargo, siguiendo la máxima de que no existen soluciones sencillas para cuestiones complejas - dónde la vida es quizá la más compleja de todas las cuestiones- bien haríamos en pensar que lo particular de nuestro mundo residiera en más de un solo aspecto.

En este sentido, ahora un estudio llevado a cabo por el astrónomo Siyi Xu de NOIRLab junto con el geólogo Keith Putirka de la Universidad Estatal de California, parece apuntar a que nuestro planeta es bastante exótico también respecto de su composición geológica. Para llegar a esta conclusion, los investigadores realizaron el primer estudio que buscaba averiguar los tipos de rocas que existen en los exoplanetas que orbitan las estrellas más cercanas a nuestro Sistema Solar, y para ello Xu y Putirka estudiaron las atmósferas de lo que se conoce como estrellas enanas blancas contaminadas.

Leyendo atmósferas lejanas

Las enanas blancas son los núcleos densos y colapsados ​​de estrellas que alguna vez fueron normales, como el Sol, y su atmósfera alberga el material de los planetas, asteroides u otros cuerpos rocosos que en el pasado distante orbitaron la estrella pero que en algún momento fueron atrapados por la acción gravitatoria de la enana blanca, "contaminando" su atmósfera. Al buscar elementos que no existirían naturalmente en la atmósfera de una enana blanca -es decir, cualquier otra cosa que no sea hidrógeno y helio- los científicos pueden averiguar de qué estaban hechos los objetos planetarios rocosos que cayeron en la estrella.

Al buscar elementos que no existirían naturalmente en la atmósfera de una enana blanca científicos pueden averiguar de qué estaban hechos los objetos planetarios rocosos que cayeron en la estrella.

Putirka y Xu observaron 23 enanas blancas contaminadas, situadas a unos 650 años luz del Sol, y en las cuales se habían detectado con precisión elementos como calcio, silicio, magnesio y hierro, gracias a las observaciones realizadas en el Observatorio WM Keck en Hawái, el Telescopio Espacial Hubble, y otros observatorios.

Rescribiendo los manuales de mineralogía

Posteriormente, los científicos usaron las abundancias de esos elementos para reconstruir los minerales y rocas que se formarían a partir de ellos. Descubrieron que estas enanas blancas tienen una gama de composiciones mucho más amplia que cualquiera de los planetas interiores de nuestro Sistema Solar, lo que sugiere que sus planetas tenían una variedad más amplia de tipos de rocas. De hecho, algunas de las composiciones son tan inusuales que los investigadores tuvieron que crear nuevos nombres, como “piroxenitas de cuarzo” y “dunitas de periclasa”, para clasificar los nuevos tipos de rocas que alguna vez existieron en esos planetas.

Estas enanas blancas tienen una gama de composiciones mucho más amplia que cualquiera de los planetas interiores de nuestro Sistema Solar

“Si bien algunos exoplanetas que en el pasado orbitaron enanas blancas contaminadas parecen similares a la Tierra, la mayoría presenta unos tipos de rocas que son extrañas para nuestro Sistema Solar”, cuenta Xu. "No tienen contrapartes directas en el Sistema Solar".

Putirka describió algunas características de estos nuevos tipos de rocas que en algún momento conformaron cuerpos rocosos distantes: “Algunas de estas rocas que describimos a partir de los datos de la atmósfera de la enana blanca disolverían más agua que las rocas de la Tierra y podrían afectar la forma en que se desarrollan los océanos”, explica. "Otras podrían derretirse a temperaturas mucho más bajas y producir una corteza más gruesa que las rocas de nuestro planeta; y otras serían más débiles, lo que podría facilitar el desarrollo de la tectónica de placas", añade. Además, Putirka y Xu afirman que los altos niveles de magnesio y los bajos niveles de silicio medidos en las atmósferas de las enanas blancas, sugieren que los escombros rocosos detectados probablemente provenían del interior de los planetas, no de su corteza.

Según Xu, la pareja de un astrónomo y un geólogo fue la clave para revelar los secretos ocultos en las atmósferas de las enanas blancas contaminadas. “Conocí a Keith Putirka en una conferencia y estaba emocionado de que pudiera ayudarme a comprender los sistemas que estaba observando. Él me enseñó geología y yo le enseñé astronomía, y descubrimos cómo dar sentido a estos misteriosos sistemas exoplanetarios", concluye.

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