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Quito como no la has visto nunca

La Plaza Grande es un espacio donde parece que confluyen todas las épocas y lugares: fotógrafos con impresoras portátiles que te inmortalizan sobre papel -una especie en peligro de extinción-, vendedores de hoja de coca llegados de la selva peruana, cantantes callejeros de trap, sacerdotes jesuitas, lustradores de zapatos, cantantes de ópera, japoneses armados con cámaras traídas del futuro, jubilados pegados a un transistor, indígenas kichwa portando sus hijos a la espalda, turistas despistados, vendedores de helados.. Todos tienen cabida.

Esta plaza, que data de principios del siglo XVII, está encajonada por cuatro edificios que ostentan los poderes estatales: El Palacio Presidencial, El Ayuntamiento, La Catedral y el Palacio Arzobispal. Esta última construcción, una preciosa casa colonial de tres plantas, fue restaurada y ahora alberga varios restaurantes de comida tradicional. Pero si lo que te pide el cuerpo es algo más informal, a pocos metros están los Sánduches de la Plaza Grande, un local que recuerda a una tasca madrileña de tiempo inmemorial, donde comer algunos de los mejores bocadillos de la ciudad.

Con el estómago lleno, resulta más fácil lanzarse a descubrir el mayor centro histórico de Latinoamérica. Sus 375 hectáreas y sus más de 5.000 bienes patrimoniales nos permiten dedicarnos al noble arte de divagar. Aquellos que no dispongan de tanto tiempo pueden dirigirse, a través de la calle García Moreno, a la Iglesia de la Compañía.

Por favor, que nadie se vaya de Quito sin entrar a este edificio. Construida a imagen y semejanza de la Iglesia del Gesú en Roma, la matriz de los jesuitas, este templo es el más excepcional ejemplo de barroco de toda América. Su fachada a dos cuerpos, esculpida en piedra volcánica y con seis imponentes columnas salomónicas, es tan solo una pequeña muestra de su grandiosidad. Tras el umbral nos espera el delirio dorado: paredes, techos, cúpula, su fastuoso altar mayor, todo está cubierto con pan de oro, cumpliéndose a rajatabla la máxima del barroco: ¡horror vacui!

El Escorial del Nuevo Mundo

Justo detrás, emerge la imponente plaza y el conjunto eclesiástico de San Francisco, al que también llaman El Escorial del Nuevo Mundo, por sus grandes dimensiones y su excepcional producción artística. En cuanto lo veas tardarás una décima de segundo en sacar tu móvil para inmortalizar el lugar. Tus seguidores de Instagram lo agradecerán. Su interior, con cerca de 40.000 metros cuadrados, funciona como una ciudad autónoma: 13 claustros, tres templos, un museo de arte colonial, huertos, las residencias de los hermanos franciscanos y muy importante: un museo que recuerda que en este complejo el padre de origen flamenco, Fray Jodoco Ricke, produjo en 1566 una de las primeras cervezas del continente.

En la misma plaza está el Hotel Casa Gangotena. La construcción de este precioso edificio se remonta al siglo XVII. Ha sido residencia de varios presidentes de la República e intelectuales. Su interior está decorado con un fino estilo Art Decó. Existe la opción de hospedarse, pero también de tomarse un café o un aperitivo en alguna de sus estancias, dignas de un relato de Las mil y una noches.

Pero no nos confundamos, en Quito hay mucho más que joyas arquitectónicas, es una ciudad vibrante y moderna con una amplia oferta de ocio. Un buen ejemplo es La Ronda, también en el casco viejo. Se trata de una calle pintoresca, con casas centenarias lacadas en blanco y ventanales de los que cuelgan macetas con geranios. Los fines de semana hay mucho movimiento: los restaurantes ofrecen conciertos en vivo, hay bares con música rock, tiendas de souvenir, shows de artistas callejeros e incluso un señor, que por una moneda te enseña la Vía Láctea a través de su telescopio.

La Floresta, el barrio hispter de Quito

La noche es joven y todavía podemos hacer historia. La Floresta es el epicentro hipster de la ciudad -sí también hay bigotes y camisas con estampados de flores en Sudamérica-. Es un barrio con casas de estilo neoclásico, amplias aceras y lugares para pasear. Abundan las tiendas de diseño, bares customizados y personajes rabiosamente modernos.

Si te gusta Bergman, Fellini o Jarmush, el Ocho y Medio es tu lugar. Cuenta con dos salas de cine y un bar de aire afrancesado decorado con carteles de películas clásicas, muebles de diseño y una sección de venta de DVD´s y libros. Por las noches su terraza da cobijo a algunos de los personajes del barrio, como por ejemplo Nicola Cruz, músico que ha tocado en algunos de los festivales más importantes del mundo, incluido el Sónar, o Mateo Kingman, también de gran proyección internacional, artesano de la electrónica conocido por samplear sonidos de la amazonia, su tierra natal. Si te los encuentras y les saludas seguro que te invitarán a sentarte con ellos y charlar un rato.

La fiebre de las cervezas artesanales también ha llegado a Quito. Son muchos los locales que ofrecen sus propias creaciones. Hay que destacar el gran esfuerzo que hacen los emprendedores por ofrecer una experiencia que no le tiene nada que envidiar a cualquier bar de una capital europea. La Reserva, con su estilo neoyorkino e industrial, El Bandidos Brewing con una de las más amplias cartas de birra de la ciudad o el Abismo, con excelente ambiente y música en vivo, dan cuenta de ello.

El siguiente nivel son los clubs, y de allí a la eternidad. Ahora debemos elegir, en función del estilo musical y ambiente que más nos guste. La Foch es el barrio alternativo. En el Café Democrático pinchan algunos de los mejores DJs, hacen sesiones de pop, rock y electro cumbia. Muy cerca está Bungalow 6, muy querido por los extranjeros, donde escuchar todos los himnos rompepistas del momento. Si eres fan de la electrónica el mejor local para vivir el clubbing es el BPM, en el norte de la ciudad.

Muchos ritmos, muchas cervezas, muchas sensaciones en la Mitad del Mundo. Un instante para respirar hondo. El Mirador de Guápulo ofrece las mejores vistas de Quito, además de punto de encuentro millennial. Desde aquí puedes seguir tu peregrinación nocturna por la calle González Suárez, el nuevo barrio de moda. Más elegante y sobrio, pero igual de divertido. Destaca La Bipolar, conocida por sus fiestas temáticas, luces de neón y copas hasta altas horas de la noche; también brilla con fuerza propia el Casino, el lugar de moda para ver y ser visto. El Lion es la nueva incorporación, con una gran pista de baile para despegar hacia el trance musical. La sala principal está presidida por el icono de Jagermaister, un ciervo con unas enormes astas y una cruz levitando sobre su cabeza. Nada más que añadir.