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Un nuevo estudio desestima la importancia del consumo de carne en la evolución humana

Aunque la idea de que comer carne fue necesario para el crecimiento del cerebro humano, un estudio sugiere que no fue un factor decisivo.

Uno de los pilares de la historia evolutiva de nuestra especie es el Homo erectus, un homínido que apareció hace 1.9 millones de años en Asia y cuyos rasgos (especialmente un cerebro más grande que el de sus predecesores) coinciden en definitiva con los de los humanos contemporáneos.

Durante décadas, la idea de que una dieta carnívora influyó decisivamente en el desarrollo evolutivo del Homo erectus y propició el aumento del tamaño de su cerebro ha sido una de las hipótesis más aceptadas cuando se trata de explicar los factores alimentarios que nos hicieron humanos.

Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences sugiere que si bien los registros fósiles que coinciden con supuestas evidencias de una dieta carnívora durante el periodo del Homo erectus son extensos, es probable que esto no se deba a un aumento sostenido en el consumo de carne y proteínas de origen animal:

El equipo recopiló información de nueve áreas de investigación arqueológica en el este de África, con una antigüedad que varía entre 2.6 y 1.2 millones de años. A través de un análisis minucioso buscaron registros de alimentación carnívora, como huesos de animales cortados con herramientas de piedra, huesos tallados o con marcas ubicados en los sitios analizados.

Homo erectus comer carne
Foto: DEA / G. CIGOLINI/De Agostini via Getty Images

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El estudio concluyó que «no hay un aumento sostenido en la cantidad relativa de evidencia de una dieta carnívora después de la aparición del Homo erectus”. Si bien la abundancia de huesos modificados aumentó de manera demostrable después de la aparición del H. erectus, esta coincide con un aumento en la intensidad del muestreo, de modo que en lugar de un cambio notable en el comportamiento homínido, la evidencia se debe a un muestreo mayor y una excavación intensiva.

Los autores del nuevo estudio argumentan que el patrón que relaciona al Homo erectus con el aumento de evidencias antropológicas de consumo de carne puede explicarse a partir de un sesgo provocado por una atención mayor a este periodo, perpetuando la hipótesis de que «comer carne nos hizo humanos», sin que exista evidencia posterior consistente.

“Este estudio y sus conclusiones son de interés no sólo para la comunidad paleoantropológica, sino para todas las personas que basan sus decisiones dietéticas en alguna versión de esta narrativa de consumo de carne”, explica W. Andrew Barr, paleoantropólogo de la Universidad George Washington y primer autor del estudio.

Aunque la investigación no desecha la teoría de que la ingesta de carne influyó en el aumento de la masa cerebral, sirve como un punto de partida para realizar nuevos estudios al respecto sin el sesgo a propósito de las evidencias de la dieta carnívora del Homo erectus.

Al margen de la teoría de la ingesta de carne, los autores también consideran otras alternativas que ayudan a explicar el aumento del tamaño del cerebro de los homínidos, como la hipótesis de la abuela (que explica cómo la convivencia de tres generaciones favoreció los cuidados de los menores y el éxito de nuestra especie) o el dominio del fuego para comer alimentos cocidos.

 

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